A continuación os copio aquí La alegoría de la Caverna, el texto de Platón que leímos en clase y empezamos a trabajar el Viernes pasado. Para empezar, se leyó detenidamente el texto y una compañera hizo un dibujo sobre el mismo en la pizarra, después se abrió un plan de discusión sobre su contenido simbólico. Otro compañero fue tomando nota de las intervenciones para después elaborar una recogida de la reflexión que tuvo lugar. La participación activa en el diálogo, nuestra capacidad de escucha, y las preguntas pertinentes para incentivar la reflexión nos introdujeron en un interesante diálogo, tanto que nos quedamos con la sensación de que apenas habíamos empezado con la investigación cuando sonó e timbre...Hay mucho que sacar aún de este texto y mucho que aprender de su autor, uno de los mejores escritores de nuestra historia. Ahora tenéis que leerlo vosotr@s, cada uno de vosotr@s, e intentar hacer un dibujo, aunque no sea tan elaborado como el de Vanessa (lo importante es que no os copiéis sino que hagáis el esfuerzo de imaginaros la situación que describe Platón aquí), tener una imagen clara de lo que se cuenta en esta Alegoría. Poco a poco iremos desentrañando su sentido y relación con el pensamiento de Platón. Las preguntas que trabajamos en la sesión del Viernes están al final de la entrada. Poneros al día!

A continuación del texto de Platón tenéis las preguntas! Leer, pensar, crear...
PLATÓN:
República, Libro VII 514a-517c (Trad. C.Eggers
Lan).
Ed. Gredos. Madrid. 1992.
Libro VII
(514a)
-Después de eso proseguí compara nuestra naturaleza respecto de su educación y
de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en
una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en
toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el
cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de
ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y
más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego
y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique
construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante
del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
- Me lo
imagino.
- Imagínate
ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de
utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera
y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
- Extraña
comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
- Pero son
como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos
de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de
la caverna que tienen frente a sí?
- Claro que
no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
- ¿Y no
sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
-
Indudablemente.
- Pues
entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando
a los objetos que pasan y que ellos ven?
-
Necesariamente.
- Y si la
prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los
que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo
que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
- ¡Por Zeus
que sí!
- ¿Y que los
prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos
artificiales transportados?
- Es de toda
necesidad.
- Examina
ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia,
qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado
y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz,
y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de
percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que
respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que
ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y
que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan
del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que
son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas
que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
- Mucho más
verdaderas.
- Y si se le
forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla,
volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas
son realmente más claras que las que se le muestran?
- Así es.
- Y si a la
fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes
de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser
arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le
impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los
verdaderos?
- Por
cierto, al menos inmediatamente.
- Necesitaría
acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar
miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y
de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos
mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo
mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día,
el sol y la luz del sol.
- Sin duda.
-
Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en
otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en
su propio ámbito.
-
Necesariamente.
- Después de
lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y
los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa
de las cosas que ellos habían visto.
- Es
evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
- Y si se
acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces
compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que
los compadecería?
- Por
cierto.
- Respecto
de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas
para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban
detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente
antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo
que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los
más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al
Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre
pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de
opinar y a aquella vida?
- Así creo
también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
- Piensa
ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría
ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
- Sin duda.
- Y si
tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos
que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que
sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve,
¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido
hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena
intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la
luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
-
Seguramente.
- Pues bien,
querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente
ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con
la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara,
por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del
alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando,
y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso,
lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y
con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es
la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha
engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora
y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en
vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.
- Comparto
tu pensamiento, en la medida que me es posible.
**********************************
Ahora las preguntas que se plantearon en clase tras su lectura, piensa por tí mism@:
1. ¿Qué crees que representan las cadenas?
2.¿Cuáles piensas que serían las cadenas que los hombres y mujeres tenemos en la acualidad?
3. ¿Es posible que las cosas no sean como parecen ser?
4. Si la situación de los encadenados no parece ser buena,¿por qué solo uno decide romper las cadenas?
A continuación os dejo la recogida de la reflexión que hicieron los seis asistentes a la sesión:
Respecto a qué pueden representar las cadenas en esta alegoría, se afirmó que "somos prisioneros", que "estamos encadenados", ahora bien , la cuestión era pensar qué pueden representar esas cadenas o esa prisión (la oscuridad del fondo de la caverna). Entonces alguien afirmó que representan la ignorancia y, de hecho, se hizo alusión al principio del texto donde Sócrates afirma lo siguiente:"(...)
compara nuestra naturaleza respecto de su educación y
de su falta de educación con una experiencia como ésta (...)". A continuación, abordamos la cuestión sobre qué cosas nos atan en la actualidad, cuáles son "las cadenas" que nos sumen en la ignorancia (la oscuridad de la caverna) y salieron unas cuantas que transcribo aquí de las notas que me pasó Ayrton: el móvil, el dinero. el alcohol, las dogas, la mentira en los medios de comunicación, el físico, el grupo social al que pertenecemos.
Después se abordó la cuestión relativa a si era posible que las cosas no fueran lo que aparentan ser. Respecto a esta cuestión la reflexión derivó, más que hacia "las cosas" hacia las personas. Respecto a esto, vuestro compañero recogió dos afirmaciones:
(1) "A veces las personas parecen o aparentan ser algo que no son".
(2) Nosostros mismos tratamos de aparentar/ser diferentes, aunque cuando vamos cogiendo confianza podemos conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás.
Hubo una reflexión basatante rica acerca de estas afirmaciones, se aportaron ejemplos concretos para aclarar las ideas y se profundizó un poco en la distinción entre ser y aparentar así como la relación que pueden guardar las apariencias con la realidad, pues a veces la forma de vestir o el lenguaje no verbal de una persona nos ofrece cierta información sobre la persona, aunque los prejuicios muchas veces nos llevan a "etiquetar" a los demás sin conocerlos mínimamente. Además de esto, María expuso el ejemplo de personas que pueden dar la apariencia de estar muy bien: alegres, felices...etc., y sin embargo pueden estar pasándolo fatal.
Se expuso también que - de alguna manera - no podemos librarnos de las apariencias pues, si somos sinceros, decía una compañera, incluso aquí en el instituto, nosostros
mismos tratamos de aparentar/ser diferentes, aunque cuando vamos
cogiendo confianza podemos conocernos mejor a nosotros mismos y a los
demás. Expusisteis respecto a esto el miedo a que nos juzguen que solemos tener los seres humanos cuando nos exponemos ante los otros o cuando entramos a formar parte de un grupo, los defectos y/o complejos que tratamos de ocultar poniendo como ejemplo las primeras semanas de instituto, cómo estamos en clase, si intervenimos o no, cómo nos sentimos al principio ...etc.
Por último se abordó la cuestión acerca de por qué -si la situación de los encadenados no parece ser buena- sólo uno decide romper las cadenas. Respecto a esta cuestión surgieron varias ideas que os transcribo a continuación:
- Por miedo (la mayoría) a no ser aceptado.
- Por querer ser aceptad@. Y en este punto se hizo una distinción entre "ser aceptado por las apariencias" y "ser aceptado por lo que eres", ¿es lo mismo? Si no es lo mismo "ser aceptado por las apariencias" que "ser aceptado por lo que eres", ¿en qué reside la diferencia?
- Por costumbre y por comodidad, porque toda la vida ha vivido así y ni siquiera se lo plantea. Los seres humanos nos habituamos a pensar las cosas de una manera y cuanto más nos acostumbramos más asumimos que es "lo normal" o "lo correcto". También se relacionó esta idea de la comodidad al miedo a lo desconocido, a arriegarse a hacer algo diferente y tener que asumir las consecuencias a que nos puede llevar tomar nuestras propias decisiones, arriesgarnos a equivocarnos, como cuando en la película de Matrix, expuso una compañera, al protagonista se le ofrece la posibilidad de seguir como hasta entonces o aventurarse al cambio sin ninguna promesa ni garantía de que sea mejor que lo que ya conoce. Como el dicho popular "más vale malo conocido que bueno por conocer" que a veces nos conduce a no hacer nada por cambiar lo que no queremos o no nos gusta.
continuará...